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La caída de un hermano.

 Transcurría 2017 y nuestra rebelión más memorable en muchos años. Corrían tres meses de protesta y guarimbas. Nuestra resistencia estaba en la calle, resistiendo la embestida del monstruo rojo.

Desde un campamento de Chacao salió aquel día la resistencia, entre nombres claves y escudos de cartón. Genaro, quien hoy me cuenta esta historia iría junto a uno de sus grandes amigos una vez más a enfrentarse a la barbarie chavista en las calles.

Tanquetas que los rodeaban, lacrimógenas, perdigones y disparos. Genaro lo recuerda así, una lluvia de muerte sobre quienes se encontraban en las calles. Casi podía oler la muerte y la tragedia. Casi a diario caían venezolanos en medio de aquella masacre sin tregua que nos tocó vivir.

Escudos de cartón, algunos guantes, pocos chalecos, y mucha valentía. Aquel día, la resistencia planeaba una estocada importante, decidieron rodear a los cuerpos represivos, era el momento de comenzar a inclinar la batalla a nuestro favor. La represión, como era de esperarse, se hizo cada vez más cruda, más sangrienta, más mortal. 

Una ballena los ataca, los hiere. Genaro se ve herido, él y muchos más. Yorman recibe una herida en el estómago. Genaro, junto al resto de miembros de la resistencia, y miembros de Cruz Verde piensan que es un perdigón, pero extraen un trozo de cabilla del estómago de Yorman. La guerra seguía recrudeciéndose, cada vez más guerra. Cada vez menos tregua. 

En medio del desconcierto, ahí estaba Genaro junto a su amigo, en el suelo de alguna autopista, ayudado por estudiantes de medicina que se encargaban de los heridos. Cuál guerra, pero con solo un bando disparando a matar, y el otro, resistiendo. 

A Yorman le perforaron el intestino delgado. Camino al hospital, se le apagó la vida. Yorman falleció ese día, en medio del caos en el que estábamos convertidos. Aquel día, otra familia era rota dentro del enorme cementerio que son nuestras calles. “No me alcanzaron los minutos para salvar a mi amigo”. Solo eso me dice Genaro.

¿Qué pensaría Yorman cuando lo atravesó ese trozo de cabilla? ¿Habrá estado consiente del dolor? ¿Habrá luchado por no morir, o asumió su destino una vez se vio lleno de sangre?

Caía la noche, un venezolano menos estaría en las calles al día siguiente. Mientras la persecución empeoraba, Genaro no tenía voz para llamar a la familia de su amigo. ¿Cómo se le dice a una madre que su hijo falleció por un disparo con una cabilla, por pensar diferente?

Allanamientos, persecución y terror. Los colectivos se paseaban a sus anchas en medio de la noche, cuando la muerte y el terror parecían susurrarles a los chamos de la resistencia. 

Esa misma noche, casi como un último acto de rebeldía en nombre de Yorman, lo velaron. Su familia no estuvo presente, los accesos a Caracas estaban cerrados, después de todo, Venezuela era zona de guerra, y no una república. 

En medio de la madrugada, se alistaban para el último adiós a Yorman, pero los colectivos los siguieron hasta el cementerio. Genaro y Yorman, juntos en aquella incesante batalla, no tendrían paz ni siquiera en su último momento juntos. 

Amaneció, y Genaro se enfrentaba al primer día de protesta sin su amigo. Sin Yorman, pero con más coraje, con más fuerza. La represión era cada vez más inclemente, se acabaron los perdigones, hora de las balas y los colectivos.

Genaro escucha que han caído siete personas en Barinas, piensa en su gente, en sus amigos y familia. Era mucha la tragedia de haber perdido a Yorman, no podría permitirse otra perdida. 

Uno de los caídos es su amigo, un joven estudiante de medicina veterinaria. Genaro perdió a dos amigos en dos días. Se le desplomaba el mundo, cuanto terror.

Aquel día, mientras Genaro le daba el último adiós a su gran amigo, el chavismo y la barbarie le arrebataron a otro hermano. Como Genaro y Yorman hay cientos de historias en nuestras aceras. Aceras llenas de sangre, vacías de futuro y hastiadas de dolor. 

Yorman y Genaro. Genaro y Yorman, dos nombres propios que podrían fácilmente ser una metáfora de nuestra tragedia, pero no lo son, son venezolanos golpeados por la trágica película que vivimos. 

¿Cuántas historias como la de Yorman esconden las calles de la sangrienta Venezuela?

Genaro y Yorman se prometieron continuar si algún de los dos caía, con el corazón hecho pedazos por la pérdida de un amigo, Genaro siguió en las calles, sin rendirse y en homenaje a quien falleció en las calles de la república sangrienta.

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