Un día más, un lunes más a la lista, ultimo día del trimestre y pienso que después de lo caótico que ha sido este periodo, hoy no puede ser tan malo, solo un día más de una seguidilla de días malos, no pude estar más equivocado. A las 4:15 am suena el despertador y asumo que es necesario asistir a la universidad pues tengo la imperiosa responsabilidad de presentar un parcial que representa la mitad de la nota. Pasan los minutos, me alisto y a las 5:00 de la mañana salgo de mi casa, con la escasa luz de las calles voy repasando las que creo serán las preguntas del parcial hasta llegar a la parada del Metrobus, una vez más la cola es infernal. A las 5:20 llega el Metrobus y como si ya ni fuese mucho esfuerzo tener que estudiar sin luz en medio de una cola, alguien, un hombre de escasos cincuenta años intenta adelantarse, una pequeña discusión con aquel hombre que termina en "Respete señor, que yo estaba primero", el día comenzó mal, supongo. El Metrobus nos deja en Catia, una rareza que siempre es agradecida por quienes no deseamos ir a La paz y atravesar la Linea 2 del Metro de Caracas. Camino hasta Plaza Sucre esperando conseguir un vagón medianamente vació que me permita llegar a Capitolio, casi media hora después asumo que será imposible, decido buscar un autobús que me lleve hasta mi destino, "Si el metro está así de abarrotado, la calle debe estar vacía" al igual que con mi pensamiento inicial, equivocado, la calle inundada de personas desesperadas por llegas a sus trabajos, universidades o cualquiera que sea su destino; logro conseguir un autobús, me monto a empujones, teniendo que saltar incluso un torniquete de hierro que trancaba el acceso por la puerta trasera, y no, quienes nos montamos así no lo hicimos por evitar el pasaje, simplemente necesitábamos llegar y no quedan más opciones en la ciudad más loca que se conozca. Todos pagamos el pasaje, o eso espero...
Llego al Silencio, camino rápido a la estación porque soy capaz de devolver una lacrimogena, aguantar en una barricada, y protestar, pero la valentía no me da para caminar a paso lento por Caracas a las 6:00 am, eso es otro nivel de gallardía y aun no lo alcanzo. Escucho a un par de milicianos que aseguran de forma orgullosa que "Al comandante no lo 'tumba' nadie", ya veremos señor, ya veremos. En la universidad los comentarios y las conversaciones están perfectamente equilibradas entre el tema del parcial que debemos presentar en media hora, el ultimo capitulo de Game of Thrones, y los desayunos de cada uno de los que estamos presente. Un examen demasiado sencillo, lo resuelvo en quince minutos, al entregarlo, el magistrado que sabe que no goza de mi simpatía me extiende la mano y no me queda mas remedio que estrecharla brevemente y abandonar el aula. Listo, no volveré a verlo, o al menos no hasta que su foto salga como uno de los funcionarios que apoyo a la tiranía y le toque rendir cuentas a la justicia. La justicia siempre llega.
Llega la hora de irme a casa, decido que no tengo ganas de atravesar la Linea 2 del Metro de Caracas, gastaré el efectivo que me quede para irme en un autobús desde Capitolio hasta La Guaira, despues de todo lo que ha pasado durante este trimestre merezco ir cómodo un día. Un autobús está esperando un par de pasajeros para salir, me subo, el pasaje en mil bolívares no parece tan caro teniendo en cuenta el costo de las cosas en el país, en este me voy. El chofer nos pide que si la PNB nos pregunta, digamos que solo nos cobraron seiscientos bolivares, todos asentimos porque entendemos la situación. En comparación con lo difícil que fue llegar a la universidad, parece demasiado fácil volver a casa, me alegro, aunque sea el ultimo día, voy a tener uno decente... no fue así. Un señor pide al chofer que pare el autobus porque quiere comprar mangos, los estan vendiendo baratos, el autobus se detiene y la mitad de los pasajeros se baja a comprar. El autobus se detiene en medio de la autopista porque se me reventó un caucho, tiene que cambiarlo. El señor de los mangos se sienta en un banco que esta a un lado de la autopista y si, comenzó a comerse sus mangos, uno por uno. El caucho de repuesto esta incluso peor que el que acaba de dañarse, todos lo vemos y reímos, como si no fuese peligroso bajar con medio caucho roto... Por fin llego a casa, me siento a escribir y me relajo, un trimestre menos para graduarse, ya solo faltan diez... bueno, hay que ser optimista. Hora de prepararse para luchar el 1M, otra vez la esperanza a tope y los nervios como si fuese la primera vez.
Una batalla más que puede significar la libertad, un empujón más que debemos dar. Una nueva oportunidad para demostrar que queremos ser libres. Es hora de cambiar el caucho que se nos daño en el camino, y asegurarnos de poner uno verdaderamente bueno, tenemos otra oportunidad. AL igual que finalizó el trimestre, podemos ponerle fin a la tiranía más salvaje de nuestra historia.
Viva Venezuela libre.
Llega la hora de irme a casa, decido que no tengo ganas de atravesar la Linea 2 del Metro de Caracas, gastaré el efectivo que me quede para irme en un autobús desde Capitolio hasta La Guaira, despues de todo lo que ha pasado durante este trimestre merezco ir cómodo un día. Un autobús está esperando un par de pasajeros para salir, me subo, el pasaje en mil bolívares no parece tan caro teniendo en cuenta el costo de las cosas en el país, en este me voy. El chofer nos pide que si la PNB nos pregunta, digamos que solo nos cobraron seiscientos bolivares, todos asentimos porque entendemos la situación. En comparación con lo difícil que fue llegar a la universidad, parece demasiado fácil volver a casa, me alegro, aunque sea el ultimo día, voy a tener uno decente... no fue así. Un señor pide al chofer que pare el autobus porque quiere comprar mangos, los estan vendiendo baratos, el autobus se detiene y la mitad de los pasajeros se baja a comprar. El autobus se detiene en medio de la autopista porque se me reventó un caucho, tiene que cambiarlo. El señor de los mangos se sienta en un banco que esta a un lado de la autopista y si, comenzó a comerse sus mangos, uno por uno. El caucho de repuesto esta incluso peor que el que acaba de dañarse, todos lo vemos y reímos, como si no fuese peligroso bajar con medio caucho roto... Por fin llego a casa, me siento a escribir y me relajo, un trimestre menos para graduarse, ya solo faltan diez... bueno, hay que ser optimista. Hora de prepararse para luchar el 1M, otra vez la esperanza a tope y los nervios como si fuese la primera vez.
Una batalla más que puede significar la libertad, un empujón más que debemos dar. Una nueva oportunidad para demostrar que queremos ser libres. Es hora de cambiar el caucho que se nos daño en el camino, y asegurarnos de poner uno verdaderamente bueno, tenemos otra oportunidad. AL igual que finalizó el trimestre, podemos ponerle fin a la tiranía más salvaje de nuestra historia.
Viva Venezuela libre.
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