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El miedo en la república

 Diecisiete años, una franela negra, jeans y un par de zapatos viejos, así salió Nicole de su casa algún día de junio en 2017. Eran las 9am cuando salió, iba al centro de Maracay donde la esperaba una amiga. Comenzó como otro de tantos días de protesta.

Aragua, ese estado mágico al que todos conocemos por sus costas, playas y ríos, sería el escenario para uno de los días más terroríficos de una joven estudiante.

Llegó al lugar de encuentro, la GNB como siempre, los rodeaba para intimidar, para presionarlos. Sin embargo, aquel año de rebeldía nos hizo perder el miedo, más pesaban nuestras convicciones y el deseo de libertad. Más valor le dimos a aquella gesta histórica que a nuestra propia vida. Por aquellos días, la prioridad era la república.

Comienza la represión, y el odio. La resistencia y el valor. Ahí estaba Nicole, rodeada de gas lacrimógeno y libertadores de diecisiete años. No querían irse, rendirse no era opción en aquel momento, a todos nos sobraba gallardía y determinación. El aire se torna impuro, imposible respirar, es hora de correr. 

Ale, la amiga de Nicole comienza a correr, pero no huye, Nicole la ve y no entiende nada. Ale vio a una señora que en medio de tanto revuelo no era capaz de moverse, se la tragó el miedo, la incertidumbre. Quizás, ahí en medio de tanto gas, gritos y muerte, aquella señora recordaba aquel lejano país en el que ya no vive, pero del que nunca se fue. Por fin logran sacar a la señora de aquel lugar, segundos después cae una bomba justo en su posición. Una vez más, se acababa de evitar una tragedia. Nicole ya no ve a su amiga, entra en pánico y comienza a correr. Ale se está asfixiando en el piso. 

Los médicos de las guarimbas, esos héroes que tuvimos en las calles, posiblemente los más rebeldes de todos nosotros, lograron ayudar a Ale todo parece estar bien. Hoy no habrá tragedia.

Se unieron a un grupo grande, una de las recomendaciones de aquellos días, nunca estar solo. Aunque los que hemos estado en la calle sabemos, que siempre, sin importar la cantidad de gente a nuestro alrededor, estamos solos con nosotros mismos, con nuestro temor y valentía.

En un grupo grande decidieron volver a casa, por dentro de una urbanización, donde se suponía estaban seguros. Sin aviso se escuchó lo más temido por nuestros chamos. “SEBIN”. 

Ale es futbolista, ágil y rápida. Nicole lo sabe. En un par de segundos Ale desapareció en la rapidez de sus propias piernas, Nicole no sabe dónde está, pero sabe que no la agarraron. En pocos segundos Nicole ve como el SEBIN captura a uno de los chamos, y ella corre. Corre y ruega a Dios. Su vida está a pocos metros de las manos de SEBIN. EN su oración se acuerda del chamo al que ya habían comenzado a golpear por resistirse.

Nicole sigue corriendo, no sabe dónde está su amiga, pero su instinto de supervivencia le pide que corra hasta su casa, que corra para poder vivir. Corre desde el desespero, no sabe hacia dónde va. De golpe la agarraron del bolso, la metieron de un tirón en una casa desconocida. Benditos los ángeles disfrazados de venezolanos que refugiaban a nuestros chamos aquellos días. 

Recuerda que, con ella, era a la tercera persona que refugiaba aquella señora. En ese momento, todo aquel que llevara el tricolor, una capucha, o deseos de libertad, era familia. Teníamos que cuidarnos. Como aquella señora que Ale salvó. Como los médicos que ayudaron a Ale, y por supuesto, como la señora que salvó a Nicole. 

Comenzó el derrame de lágrimas por el chamo atrapado por los uniformados, el desespero de no saber si volverían a verlo. Uno de los chamos que se encontraban en la casa con Nicole era su amigo, la impotencia se lo comía vivo. Nicole no volvió a ver a Ale aquel día, se perdió en la incertidumbre del caos.

A Nicole la llevaron a casa, todavía con miedo, con rabia, y llena de impotencia. Está en su hogar, pero la impotencia solo aumenta. ¿Qué será de aquel chamo? ¿Pude haber sido yo?

Cuantas preguntas sin respuesta hay en la huida de quien solo desea vivir. Nicole se desborda en lágrimas, la rabia no le cabe en el pecho. La impotencia de una niña de diecisiete años que está participando en la gesta histórica más reciente de nuestro mapa. 

Nicole y Ale. La señora de las añoranzas y la que la refugió. El chamo al que se llevaron, y aquel que lloraba de impotencia. La GNB y el SEBIN. Todos partes de nuestras aceras, todos con historias, unos víctimas, otros victimarios. Unos aterrorizados, y los uniformados impartiendo el terror. La república en cenizas, y el miedo en la república. 

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