Querido Chile, mi hogar por nueve cortos meses, el hogar de mi familia. El país que les ha dado la oportunidad de volver a tener una vida normal, el país que me dio mi primer trabajo, mi primer sueldo, y la posibilidad de entender que hasta un pan tiene mejor sabor cuando se compra con el fruto de tu trabajo. Modelo de país para toda América latina, por encima incluso de países europeos.
Mi querido Santiago de Chile, la ciudad que recorrí en bicicleta mientras entregaba comida para ganar unos pesos extra, hoy me dueles. Duele ver como te han quemado, saqueado, duele verte abusada, intentando ser tomada por el socialismo, y el vandalismo que tristemente hoy se financia desde el régimen que controla a Venezuela.
No había querido tocar el tema porque ya no vivo en Santiago, hace más de un año estoy en casa y puede parecer absurdo que opine desde la distancia, pero duele y la valentía no va de la mano con el silencio. Familia y amigos viven en Santiago, y quiero incluir a quienes fueron mis jefes, con quienes aún tengo un profundo agradecimiento.
Mamá ha tenido que esconderse, ha tragado gas, la vi correr en algún vídeo para resguardarse de los violentos, me recordó a todas las mujeres que he visto correr huyendo de los colectivos, con una diferencia, esta vez quien corría fue quien me dio la vida. Mi querido Santiago, a donde decidió acudir en busca de refugio huyendo de la mafia chavista, se vio incapaz de cuidarla, la peste roja tomó por asalto la ciudad que eligió para ocultarse de la miseria socialista. El Foro de Sao Paulo parece ensañado en perseguirnos allá donde estemos.
Papá, que aún trabaja por día, y si no trabaja no cobra, con casi una semana sin trabajar porque su lugar de trabajo fue saqueado y quemado. No salió huyendo de Venezuela, salió por acompañar a su familia, hoy no entiende nada, sacó a su familia del infierno zurdo, pero ahí están siendo victimas nuevamente de Maduro y su perversidad. Mi viejo, un tipo sin asco por el trabajo, acostumbrado a trabajar, paralizado por los delincuentes que pretenden expandir su miseria por toda la región.
Duele ver las calles de Santiago incendiadas, duele saber que los comercios no abren por temor. Duele que una ciudad marcada por el gran flujo de compradores, hoy esta sumida en fuego, en llamas socialistas y comunistas incapaces de entender que el estado no les debe nada, y que ahora son ellos quienes tienen una deuda millonaria, con el estado, y con cada chileno o inmigrante decente dentro de las fronteras del continente, porque Chile es ejemplo de lo que debemos ser, el Chile decente es ejemplo de país.
Mi hermanita, que incluso siendo UCVista jamás estuvo en una guarimba, hoy tiene que tragar gas cada día, pues trabaja cerca del foco donde se perpetúan los actos vandalicos. Mi querido Santiago, duele sentirte lastimado, porque cuando yo lo estuve, abriste tus puertas, me diste trabajo, y la posibilidad de un techo y comida ganada por mis manos y mi trabajo. Querido Chile, espero verte recuperado, dejando lejos el recuerdo de los violentos.
Mi queridisimo Santiago de Chile, desde la distancia rechazo a cualquiera que te saquee, te queme, te robe o diga que no eres bueno. Desde mi casa, mi frontera, hoy me siento más cerca que nunca de Chile. Querido Santiago, espero verte bien, espero poder verte recuperado pronto.
Mi querido Santiago de Chile, la ciudad que recorrí en bicicleta mientras entregaba comida para ganar unos pesos extra, hoy me dueles. Duele ver como te han quemado, saqueado, duele verte abusada, intentando ser tomada por el socialismo, y el vandalismo que tristemente hoy se financia desde el régimen que controla a Venezuela.
No había querido tocar el tema porque ya no vivo en Santiago, hace más de un año estoy en casa y puede parecer absurdo que opine desde la distancia, pero duele y la valentía no va de la mano con el silencio. Familia y amigos viven en Santiago, y quiero incluir a quienes fueron mis jefes, con quienes aún tengo un profundo agradecimiento.
Mamá ha tenido que esconderse, ha tragado gas, la vi correr en algún vídeo para resguardarse de los violentos, me recordó a todas las mujeres que he visto correr huyendo de los colectivos, con una diferencia, esta vez quien corría fue quien me dio la vida. Mi querido Santiago, a donde decidió acudir en busca de refugio huyendo de la mafia chavista, se vio incapaz de cuidarla, la peste roja tomó por asalto la ciudad que eligió para ocultarse de la miseria socialista. El Foro de Sao Paulo parece ensañado en perseguirnos allá donde estemos.
Papá, que aún trabaja por día, y si no trabaja no cobra, con casi una semana sin trabajar porque su lugar de trabajo fue saqueado y quemado. No salió huyendo de Venezuela, salió por acompañar a su familia, hoy no entiende nada, sacó a su familia del infierno zurdo, pero ahí están siendo victimas nuevamente de Maduro y su perversidad. Mi viejo, un tipo sin asco por el trabajo, acostumbrado a trabajar, paralizado por los delincuentes que pretenden expandir su miseria por toda la región.
Duele ver las calles de Santiago incendiadas, duele saber que los comercios no abren por temor. Duele que una ciudad marcada por el gran flujo de compradores, hoy esta sumida en fuego, en llamas socialistas y comunistas incapaces de entender que el estado no les debe nada, y que ahora son ellos quienes tienen una deuda millonaria, con el estado, y con cada chileno o inmigrante decente dentro de las fronteras del continente, porque Chile es ejemplo de lo que debemos ser, el Chile decente es ejemplo de país.
Mi hermanita, que incluso siendo UCVista jamás estuvo en una guarimba, hoy tiene que tragar gas cada día, pues trabaja cerca del foco donde se perpetúan los actos vandalicos. Mi querido Santiago, duele sentirte lastimado, porque cuando yo lo estuve, abriste tus puertas, me diste trabajo, y la posibilidad de un techo y comida ganada por mis manos y mi trabajo. Querido Chile, espero verte recuperado, dejando lejos el recuerdo de los violentos.
Mi queridisimo Santiago de Chile, desde la distancia rechazo a cualquiera que te saquee, te queme, te robe o diga que no eres bueno. Desde mi casa, mi frontera, hoy me siento más cerca que nunca de Chile. Querido Santiago, espero verte bien, espero poder verte recuperado pronto.
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