Ir al contenido principal

Un año en casa.

Un año en casa, un año amando al amor de mi vida en socialismo. Un año ha pasado desde la ultima vez que abracé a mamá y desde que papá me acompaño a caminar todo el aeropuerto en Santiago de Chile buscando quien me cambiase unos dolares. Justo el dos de agosto aterricé en casa. Aquel avión y el único sándwich desde Panamá a Vargas. Ese olor a Caribe que se siente desde que sobrevuelas Vargas. Parece mentira, pasó un año desde que a las 2am fui recibido por el aeropuerto que nueve meses antes me había despedido entre lagrimas.

Un año en el cual he tenido que madurar porque ya no está mamá para ayudar, y papá está demasiado lejos así que no puede acompañarte con unas birras. Un año en el cual he tenido que hacer más colas que en el resto de mi vida. El año en el cual aprendí que la familia no siempre es de sangre, y que bueno cuando te incluyen en una familia ajena, al punto de llamarte hijo y tratarte tal cual.

Hace un año aterricé en casa, y ka vida me ha dado una vuelta. En un año comencé a estudiar la carrera con la que soñaba, entendí que el amor vale más que cualquier cosa, y que mamá y papá hacen falta a diario. Hace un año mi hermana me abrazó mientras me regañaba por volver, a la vez que me felicitaba "por valiente". Un año desde que entendí que nada mejor que tu cama de toda la vida para dormir de verdad.

Este año ha sido una locura, pero sobretodo por poder iniciar y ser parte del partido al cual había querido pertenecer incluso antes de irme de casa, la actividad política que he tenido el privilegio de realizar (¡Y la que falta!) así como la posibilidad de visitar sectores que te hacen ver la realidad incluso más cruda. Durante este año he conocido lugares que no conocía dentro del estado en el cual he vivido toda mi vida. He conocido a personas maravillosas que me están enseñando a ver la vida de otra forma, a crecer y a prepararme.

Este año entendí que como el arroz de mamá no existe otro. Un año en el cual he tenido que llegar corriendo a casa luego de cualquier manifestación y llamar a los viejos a decirles que no, las victimas de las que escucharon en las noticias no era yo. Un año en el que fui tirapiedra.

¡He reído tanto y tanto he llorado! porque no es fácil pasar diciembre sin mamá y papá, o sin tu hermana, pero no queda más que reír cuando llueve y estás ahí, jugando bajo el agua con tu novia, como dos niños pequeños.

Ha pasado un año desde que cada día me despierto convencido en que más pronto que tarde podré recibir a mi familia en el aeropuerto y repetirles aquella frase que me dijo el chamo que me recibió luego de revisarme las maletas "Bienvenido a casa".


Comentarios

Entradas populares de este blog

Zapato roto.

 Lo conocí por allá en 2009, cuando teníamos apenas diez años y jamás pensé que le tocaría salvarme la vida. Carga detrás de su nombre un apellido de esos fuertes, de los que se reconocen por su importancia en la historia de nuestro país, pero no, no tiene vínculo con los Machado que todos conocemos, solo comparten la casualidad de un apellido. De padre yaracuyano y madre varguense, creció en una familia normal, sin muchos sobresaltos. Hijo de policías retirados. Testarudo como pocos, malgenio y descaro. Su vida transcurría entre idas al colegio, jugar fútbol y una que otra salida los fines de semana. Estudia derecho, le gusta la política, y poco a poco deja la vida rutinaria para involucrarse, aún así, Windell jamás pensó que exactamente 7.346 días después de aquel 23 de noviembre en que vio la luz de la vida por primera vez, estaría atrapado en medio de gas, basura y plomo, con un zapato roto y buscando libertad. Se despertó a las 7:00am, alistó un bolso con máscara, alcohol, le...

Final de trimestre, final de la tiranía.

Un día más, un lunes más a la lista, ultimo día del trimestre y pienso que después de lo caótico que ha sido este periodo, hoy no puede ser tan malo, solo un día más de una seguidilla de días malos, no pude estar más equivocado. A las 4:15 am suena el despertador y asumo que es necesario asistir a la universidad pues tengo la imperiosa responsabilidad de presentar un parcial que representa la mitad de la nota. Pasan los minutos, me alisto y a las 5:00 de la mañana salgo de mi casa, con la escasa luz de las calles voy repasando las que creo serán las preguntas del parcial hasta llegar a la parada del Metrobus, una vez más la cola es infernal. A las 5:20 llega el Metrobus y como si ya ni fuese mucho esfuerzo tener que estudiar sin luz en medio de una cola, alguien, un hombre de escasos cincuenta años intenta adelantarse, una pequeña discusión con aquel hombre que termina en "Respete señor, que yo estaba primero", el día comenzó mal, supongo. El Metrobus nos deja en Catia, una ...

19

 19. Hay poco más que decir en estas horas que nos llenan de luto por las nuevas vidas que ha perdido el país en medio de la hecatombe que vivimos. Aunque parezca increíble, no hemos perdido sensibilidad ni capacidad de asombro. Hoy los venezolanos nos preguntamos cómo es posible tanta tragedia, tanto abandono. Como si el mundo hubiese volteado la vista a otro plano, en nuestras costas mueren ahogados nuestros hermanos, nuestras mujeres. Nuestros niños. ¿Cuántos días de hambre caben en la decisión de apostar tu futuro en una pequeña embarcación? ¿Cuántos lamentos caben en un país que ve morir a sus hermanos? Como si todos llevásemos la misma sangre, el país amaneció de luto, llorando una perdida más. Nadie aguanta las lágrimas, se nos desborda la vida. Nos ahogamos en nuestra propia incertidumbre. Como duele la vida.  ¡Ay, los niños que perdieron el futuro! No existe la infancia, la ahogaron en desespero y el hambre. Cuanta confusión, cuanto dolor. Flotamos bocabajo, esperando...