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Carta a mamá y papá.

Hoy más que nunca, en medio de la crisis absurda de vive Venezuela, quiero escribirles a las dos personas más importantes de mi vida, porque ha sido gracias a ustedes que decidí seguir mi propio camino, es gracias a ustedes que decidí que sin importar lo difícil que pudiese ser, tenía que arriesgarme a vivir lo que creía y aún creo que es lo correcto.

Ustedes me educaron en un hogar muy alejado de la política, porque eso no era lo nuestro, ustedes me repitieron que debía centrarme en estudiar, en ser alguien en la vida, en aspirar más allá, mucho más allá de vivir de un sueldo. Me enseñaron que con trabajo y esfuerzo cualquier cosa es posible. Cuando tenía catorce o quince años, comencé a interesarme en la política nacional, la seguía de lejos, comencé poco a poco a buscar nombres, a aprender historia, a ver pequeños documentales de política y recuerdo que su respuesta siempre era la misma "Ni se te ocurra, es demasiado peligroso." Llegó el 2014 e iniciaron las protestas aquel doce de febrero, su respuesta inmediata fue prohibirme la salida de la casa, estaba claro que, a la menor oportunidad, yo sería parte de todos aquellos sucesos en la capital del país. Cuando alcancé los diecisiete años fui claro con ustedes, quería estudiar política en la UCV, ustedes más allá de no aprobarlo, decidieron apoyarme, al igual que tantas otras veces. Y aunque aún no lo he conseguido, sigo luchando por ser UCVista, y les comento que no voy a rendirme, venceré la sombra. Cumplí la mayoría de edad. La crisis se agudizó, Venezuela cada día empeoraba. Mi hermana dio el paso que todos nos negábamos a dar, primer golpe en casa. Mi hermana, de diecinueve años cambió el clima tropical de Vargas por el frio de Santiago. No pasaron seis meses, y cada día la posibilidad de irnos era mayor. Mamá, tú te negaste a irte sin tu hijo menor, papá, tu decidiste que no te irías sin tu esposa e hijo... Cada noche, desde que mi hermana se fue hasta el día que finalmente abandonamos el país me repetía "si te vas eres un traidor, estás dejando a Venezuela. Eres un cobarde". Hoy, no imaginan cuanto lloré la noche anterior, lo frustrado que me sentía por irme antes de incluso comenzar a pelear. Un mes en Santiago me sirvió para entender que mi lugar, más allá de las comodidades que podía tener en Chile, estaba en casa. Mamá, al tercer mes decidí hablar contigo, tenía que contarte que, por segunda vez en menos de un año, uno de tus hijos se iba de casa, supongo que lo presentías, porque me hiciste postergar la conversación casi un mes más. ¿Cómo le dices a mamá que luego de estar en paz, vuelves al caos, al desastre y a la pesadumbre de vivir en Venezuela? créeme, no existen palabras para describir como me sentí al verte llorar y pedirme que no volviera, ambos sabemos que más que miedo por la crisis, sabias que venía directamente a construirme, a luchar desde la trinchera que fuese necesaria. Mamá, fuiste tú quien hablo con papá, porque yo no tuve corazón para hacerlo, siempre fuiste la más valiente de los cuatro ¿Cómo le decía a mi viejo, que su chamo, su compañero de trabajo, su pana... se iba y que no nos veríamos en tanto tiempo? ¿Cómo les contaba que ya tenía el pasaje, fecha y hora de llegada? Te vi llorar mamá, te vi odiarme por alejarme. Te escuché proponerme mil cosas, mil razones y opciones para que me quedase en casa contigo, te vi ser madre. Verte así me hizo entender lo que es familia, gracias por ser madre y por cuidarme.

Viejo, fuiste mi pilar. Cada día me dijiste que estaría bien, que luchara por mis sueños. Escuché cada consejo, cada aliento. Papá, tú has sido siempre mi ejemplo de lo que es un verdadero hombre, me enseñaste luchar por lo que quería, así como tú y mamá lucharon por su casa, su carro y su propio negocio. Gracias por cada consejo viejo, perdón por haberte dado tan pocos abrazos. Mamá y papá, hoy quiero pedirles perdón por haberlos alejado de su hija mayor los primeros meses, por no decidirme a irnos juntos. Hoy les pido disculpas porque sé que cada vez que hubo protestas tuvieron que esperar a la noche a que los llamara y les dijera "Epa, no estoy muerto todavía". Papá, perdón por no haberte abrazado más fuerte aquella última vez en el aeropuerto de Santiago, cuando solo quería prometerte que te devolvería tu país. Mamá, lamento haberte separado de tu pequeño hijo que hoy ya no es tan pequeño. A ambos, lamento preocuparles, porque sé que les preocupa que cada fin de semana salga a las calles a hacer política. Sé que tienen miedo porque dejé a un lado las camisas con insignias de fútbol y ahora uso una turquesa que me identifica como miembro de Vente. Viejos, me estoy construyendo poco a poco. Paso a paso estoy descubriendo lo que quiero y necesito hacer aquí. He descubierto cosas que no sabía que me gustaban, escribir, por ejemplo. Aquí estoy, en este desastre de país, apostando por él, por su reconstrucción, por su salvación. Mamá, papá... estoy comenzado a cumplir mis sueños.

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