No me da la gana de acostumbrarme, ni de rendirme. Todos me dicen que fue una tontería volver al infierno luego de salir, puede que si haya sido una locura, pero ¿quien no ha hecho una locura por amor? mi locura fue volver a casa. Hablan de que la lucha contra el régimen es desigual, que ellos tienen armas. ¿si la lucha es desigual, a que coño vas a la guerra? sencillo, iré a morir por mi bandera, por mis símbolos, iré a morir por mis ideas. Moriré defendiendo mi libertad si es necesario, aunque suene cliché, prefiero morir de pie antes que bajar la cara ante un régimen que nos quiere humillados. Volví porque no me da la gana de ser cómplice del narco régimen que hoy usurpa miraflores, porque si, cada vez que callas, cada vez que celebras que llego la luz, cada vez que agradeces porque llega el agua por un par de horas te conviertes en cómplice. No me da la gana de acostumbrarme, no voy a bajar la voz, no voy a dejar de gritar que es hora de salir a las calles y tomarlas por asalto. Marrero está preso, si, pero Bassil, Robert, Genesis, Neomar y muchos mas están muertos, esto no se trata de Guaido ni del gobierno interino, no se trata de socialismo, comunismo o ideales personales, esto es por los chamos presos por exigir sus derechos, esto se trata de los panas muertos por levantar la voz. No voy a rendirme, porque no me da la gana de vivir fuera de mis fronteras, no me da la gana de arrodillarme, no voy a entregarte mi país, no me da la gana.
Lo conocí por allá en 2009, cuando teníamos apenas diez años y jamás pensé que le tocaría salvarme la vida. Carga detrás de su nombre un apellido de esos fuertes, de los que se reconocen por su importancia en la historia de nuestro país, pero no, no tiene vínculo con los Machado que todos conocemos, solo comparten la casualidad de un apellido. De padre yaracuyano y madre varguense, creció en una familia normal, sin muchos sobresaltos. Hijo de policías retirados. Testarudo como pocos, malgenio y descaro. Su vida transcurría entre idas al colegio, jugar fútbol y una que otra salida los fines de semana. Estudia derecho, le gusta la política, y poco a poco deja la vida rutinaria para involucrarse, aún así, Windell jamás pensó que exactamente 7.346 días después de aquel 23 de noviembre en que vio la luz de la vida por primera vez, estaría atrapado en medio de gas, basura y plomo, con un zapato roto y buscando libertad. Se despertó a las 7:00am, alistó un bolso con máscara, alcohol, le...
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