Es verdad que el 23E la manifestación en vargas se tornó violenta, y digan lo que digan, yo que estuve en primera fila frente a la GNB puedo asegurar que no fuimos nosotros quienes iniciaron la violencia, también se que el objetivo de la FANB es hacer que parezca que somos nosotros quienes recurrimos a la violencia, no fue así, pero nos defendimos. Si, soy tira piedra. Papá que aun se encuentra en el exilio, se entera de mi presencia en la manifestación y decide regañar por el peligro que representa, exige que no de problemas a mi abuela. Mi tía decide alzar la voz y pedirme lo mismo "si te pasa algo, ¿que va a hacer tu abuela?". Eso no me detiene y decido que los próximos cabildos, concentraciones y marchas contarán con mi presencia, siempre acompañado de mi hermano mayor, dispuesto a cuidarme si en necesario. Debo admitir que luego de salir a marchar el 23E, participe en cabildos, estuve presente en la concentración del 30E, y por supuesto alcé la voz el ultimo dos de febrero, si, he estado inmerso en la creciente locura que hoy vive esta tierra bendita. Algunas personas me han dicho que puedo morir, otros no paran de decir que con calle no se logra nada, pero al escucharlos decir eso, solo pienso en mamá, en mi hermana y en mi viejo que hoy se encuentran lejos de su suelo, que están viviendo lejos, tres almas acostumbradas al calor de la costa venezolana, hoy buscan refugio al pie de la Cordillera de los Andes. Hoy, al escuchar a tantos jóvenes decir que prefieren quedarse en casa para resguardarse solo imagino que jamás han pasado navidad sin mamá y papá. ¿Como se supone que no salga a luchar sabiendo que mi hermana quiere volver a su UCV y no puede? una niña que ha soñado toda una vida con graduarse de la mejor universidad de su país y hoy se ve condenada a trabajar para sobrevivir en el exterior. Mi hermana no para de decirme "muchachito valiente", pero ¿como no salir? si cuando hablo con mamá solo me dice que quiere venir a comer pescado frito y tostones en sus playas, que alguien me diga como hacerme el ciego cuando veo a mi papá a punto de las lagrimas porque le toca ver la vejez de su madre por la pantalla de un teléfono. Al hablar con mi hermana, no para de decirme "quiero que esto acabe, quiero abrazar a mi abuela, quiero mi cama y quiero mis calles" pero tengo que desanimarla, al menos hasta que todo esto pase. En resumen, ¿como se supone que me quede en casa cuando tuve que darle feliz año a mis viejos por vídeo llamada? ¿Acaso no debe dolerme no haber estado el día que papá cumplió cincuenta años? ¿Se supone que debo tomar como algo normal no poder estar en los cuarenta y cinco años de la mujer que me dio la vida? ¿en serio tengo que aguantarme no ver a mi hermana y mejor amiga? La respuesta a todo es no, estaremos en las calles cada vez que sea necesario, en paz o con violencia, como lo decida la FANB. Lucho por los niños que comen de la basura, por los que están muriendo en los hospitales, lucho por un futuro digno y lleno de oportunidades, pero también lucharé para que mi hermana se gradúe de la mejor universidad de este país. Lucharé por mi papá y sus ganas de volver a ver a su mamá. Pelearé porque mamá pueda volver a casa a comerse un "parguito frito, con tostones y una polarcita bien fría a la orilla de la playa". Con la fuerza y voluntad de los que aquí estamos, y las buenas energías de quienes viven en el exilio. Hoy tenemos nueva convocatoria, el 12F a cinco años del aniversario luctuoso de Bassil y Robert, volveremos a alzar la voz. Calle y más calle, vamos bien.
Lo conocí por allá en 2009, cuando teníamos apenas diez años y jamás pensé que le tocaría salvarme la vida. Carga detrás de su nombre un apellido de esos fuertes, de los que se reconocen por su importancia en la historia de nuestro país, pero no, no tiene vínculo con los Machado que todos conocemos, solo comparten la casualidad de un apellido. De padre yaracuyano y madre varguense, creció en una familia normal, sin muchos sobresaltos. Hijo de policías retirados. Testarudo como pocos, malgenio y descaro. Su vida transcurría entre idas al colegio, jugar fútbol y una que otra salida los fines de semana. Estudia derecho, le gusta la política, y poco a poco deja la vida rutinaria para involucrarse, aún así, Windell jamás pensó que exactamente 7.346 días después de aquel 23 de noviembre en que vio la luz de la vida por primera vez, estaría atrapado en medio de gas, basura y plomo, con un zapato roto y buscando libertad. Se despertó a las 7:00am, alistó un bolso con máscara, alcohol, le...
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