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Caracas y la esperanza.

Hoy es mas difícil ser joven en Venezuela de lo que probablemente alguna vez lo ha sido, hoy siento orgullo de todos los jóvenes que alzan su voz, de todos aquellos que aún luchan por estudiar, del que madruga para llegar a la universidad y seguir adelante. Como joven sientes orgullo de todos los chamos que salen a dar la cara y poner el pecho por amor a su país, por necesidad o por cualquier motivo. El 23E entendí realmente lo que es ser venezolano, entendí lo que significa eso de que "todos somos panas", el 23E vi a muchas personas ayudándose entre sí, incluso recibí ayuda y agua de algún desconocido, eso te nutre de orgullo porque por un momento te llenas de fe, de esperanzas, ves a un país entero luchando a tu lado, gritando cada vez mas fuertes las estrofas de un himno que hoy debe estar mas vivo que nunca, en ese momento exacto, tomas dos segundos para analizar, y entre gas y perdigones, agradeces ser parte de la juventud que tiene como norte la liberación y reconstrucción del país. Sin embargo, con el pasar de los días y las idas a la universidad, no te queda tan claro quienes tienen mayor afán por salir de la tiranía. En lo personal he oído a demasiados jóvenes diciendo que no saldrán a las concentraciones porque prefieren dormir en casa, bastante triste y rayando lo patético.
Hoy, lunes cuatro de febrero Caracas me sorprendió, hay quejas, las personas hablan de la posible ayuda humanitaria y de colapso total del país, por primera vez en mucho tiempo el transporte público amenaza con brindarnos una conversación que aunque es bastante descentrada, vacía de información y quizás un poco exagerada por alguno de los interlocutores, tiene como objetivo principal traer a las voces de los caraqueños la realidad mas urgente del país, el cese de la usurpación. Cuarenta y cinco minutos le toma al metrobus que me lleva desde Vargas hasta La paz llegar a su destino, cuarenta y cinco minutos en los cuales un par de pasajeros no dejaron de comentar lo sucedido el dos de febrero, estamos hablando, en las calles con las manifestaciones y ahora también en el día a día. Por primera vez desde que volví a Venezuela, parece que en medio del descalabro que tenemos como país, hay ruidos, y esta vez no son los ruidos de las ruinas que hoy representan a nuestro país, hoy el ruido proviene de las conversaciones caraqueñas, hoy hacemos ruido las columnas principales de esta estructura llamada Venezuela, hoy representamos las columnas que aun sostienen lo poco que queda de país.
Bastante absurdo que en un aula en la que debo aprender sobre la forma en la cual debe ser interpretada nuestra constitución, el profesor que por cierto es magistrado del TSJ ilegal, decide hablarnos sobre béisbol, como si en estos momentos el país no tuviese algún problema mas relevante que la inclinación deportiva de unos cuantos, patético. Mas allá de la perdida total de tiempo que representó hoy la universidad, me alegra ir a Caracas para escuchar voces de quejas, voces que piden calle, ayuda humanitaria y sublevación. La universidad hoy decepciona, las calles de Caracas motivan. Paciencia y fe, vamos bien.

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