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Abajo cadenas.

Venezuela vive un proceso histórico, bastante delicado y sobretodo general. En este momento, las miradas del mundo entero se posan sobre la situación y el posible desenlace de la tiranía que hace veinte años oprime al país. En medio de todo esto, es momento de volver a la universidad, momento de ir nuevamente a Caracas, y luego de lo ocurrido entre el veintidós y el veintisiete de enero, me genera cierto temor aquello que pueda encontrarme en la capital. Salgo de mi casa a las 4:45am pues debo estar al menos una hora antes si deseo irme en el primer metrobus y poder llegar a tiempo a la universidad. La primera impresión es que en Vargas todo está normal, la fila en silencio, algunos pocos comentando lo ocurrido el 23E, y por supuesto, algún imbécil que intenta hacerse el gracioso soltando un par de chistes sobre lo ocurrido en estos días de confusión, pero no, nadie ríe, el país aun no lo digiere. Venezuela no está para risas...

Me crece la fe, comienzo a creer que en Caracas será diferente, que habrá un malestar mas general, quizás, al ser el mayor foco de protestas, represión, y sucesos graves, Caracas aun hoy lunes esté levantando la voz, al menos eso espero. Llego a La paz, atravieso Maternidad, Artigas, Capuchinos y Capitolio, pero ni un solo comentario sobre lo ocurrido, nadie habla del usurpador, nadie comenta sobre Guaidó. Nadie opina sobre la resistencia, ni hablan de los niños apresados injustamente, de los muertos en todo el país a causa de la represión, nadie habla, ni bien ni mal, de los chamos que salieron a buscar libertad y encontraron lacrimogenas y perdigones, eso en el mejor de los casos, pues está claro que a estas alturas, a la GNB, PNB, FAES y demás órganos de "seguridad" les importa poco disparar balas de verdad ante los manifestantes. ¿Acaso nos convertimos en un país tan insensible? ¿es que no entendemos la magnitud de los que estamos viviendo? me arriesgo a decir esto teniendo claro que el 23E salio a la calle la gran mayoría de los venezolanos, sin embargo, me preocupa la pasividad vista luego de las manifestaciones. En relación a las interrogantes, ambos escenarios son devastadores, pues, o no nos interesa la vida de los muchachos luego de su arriesgada actitud, o incluso a estas alturas, no entendemos que somos parte de la historia mas importante de Venezuela en los últimos sesenta años.

Motiva saber que las principales democracias del mundo hoy respaldan a Venezuela, sin embargo, la desmotivación llega desde casa, aun escuchas en las calles comentarios sin sentido. "Guaidó se auto proclamó" es normal escuchar esto, pues la mayoría de las personas no conocen su constitución, nadie se digna a leer e intentar entender la situación que nos tocó vivir a quienes seguimos apostando por este país. Hoy veintinueve de enero, los venezolanos tenemos nueva convocatoria, sabemos cuando saldremos nuevamente a buscar lo que nos corresponde como ciudadanos de este país, hoy sabemos cuando y donde nos veremos quienes aun creemos en la libertad. Sin embargo, muy pocos entienden el proceso histórico que estamos viviendo, muchos solo salen porque un político así lo demanda, pero pocos están realmente convencidos de que esta es la oportunidad mas grande que en los últimos años se nos ha ofrecido a los venezolanos para ser libres.

Como joven venezolano, amante de esta país, me duele ver chamos de mi edad, incluso menores pensando solo en que están perdiendo fines de semana que pudiesen ser para salir de fiesta. Como un chamo que volvió a su país por amor a su bandera, sus símbolos, y a las arepas, me preocupa la vanidad que hoy, en medio del caos y la atrocidad que atraviesa el país seguimos enalteciendo. Entendamos como jóvenes, que estamos ante la oportunidad de una Venezuela libre para nosotros. Como adultos, piensen en sus hijos y su futuro. Y los adultos mayores han de recordar sus años dorados en los suelos del país que hoy tenemos que defender.

Hoy no hay analogías, solo un profundo sentimiento de patriotismo que desencadena en la petición de defender la bandera que nos representa. Resistencia, Fuerza y fe.

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