Casi dos horas en La paz, han pasado al menos veinte unidades de Metrobus pero solo una con destino a La Guaira, una fila de por lo menos doscientas personas colapsa la estación, aun así, nadie se queja, me incluyo, todos cabizbajos, muchos comiendo algún producto comprado a los incontables e incansables buhoneros que transitan en las estaciones del Metro de Caracas. Por lo menos la mitad de quienes nos encontramos en la cola, estamos sentados en el sucio suelo de la parada designada al Metrobus. Solo un momento de queja, y no, no es de la cola que tiene por lo menos dos horas estancada, tampoco fue algo muy ruidoso, algún par de personas alboroto la estación por una unidad que se negó a abordar pasajeros, nada importante.
Volviendo a la cola en la que estoy estancado, ya no son veinte que pasan sin abordarnos, ahora son por lo menos veintidós. En un sistema en el que una unidad debe llegar y salir de la estación cada treinta minutos, es inaceptable que en las ultimas dos horas solo lo haya hecho uno, hablo de las ultimas dos horas porque es el tiempo que llevo en la estación, sin embargo, no se cuanto tiempo llevan esperando quienes se encuentran antes que yo en lo que parece una cola interminable.
En estas dos horas he visto mas niños practicando la buhonería de los que realmente pensé que era posible, niños de entre nueve y doce años, que no tienen la culpa de la crisis del país, niños que no merecen vivir así, niños que hoy, pagan la pasividad e indiferencia del venezolano ante la tiranía.
La cola es el reflejo de un país doblegado, estudiantes universitarios, estudiantes de bachillerato, trabajadores, ancianos, niños, bebes, mujeres embarazadas, personas con discapacidad... nadie se salva de la eterna cola y espera a la que han sometido al país.
Las personas no paran de decir "ahí viene uno" y tristemente me recuerda a todas las veces que como país hemos pensado "esta vez si, es la ultima, la vencida", pero al igual que todas esas veces, no, aun no nos toca a nosotros.
Después de mas de dos horas de espera, por fin llega nuestro transporte. Alguien ajeno a la cola intenta meterse a la fuerza, las ahora mas de doscientas personas en la cola gritan al unisono "Bájalo, que haga su cola... que se baje", nadie mas se sube a la unidad hasta que el señor tenga la decencia de bajarse, pasan por lo menos cinco minutos antes de que esto suceda, por fin se baja y podemos continuar.
Una vez el metrobus inicia su recorrido, veo a un señor con una bufanda tricolor, caminando las calles de Caracas. Lo primero que pienso es "la lleva con orgullo", sin embargo, lo sigo con la mirada y me doy cuenta de la realidad, camina encorvado, cabizbajo, ojos apagados y paso sin animo. Hoy, eso representa ser venezolano, el país en el cuello, paso lento y sin ganas de ver nada mas que cada paso que damos como individuos. Hoy, el señor de la bufanda tricolor me hizo ver a Venezuela en su representación mas triste.
Volviendo a la cola en la que estoy estancado, ya no son veinte que pasan sin abordarnos, ahora son por lo menos veintidós. En un sistema en el que una unidad debe llegar y salir de la estación cada treinta minutos, es inaceptable que en las ultimas dos horas solo lo haya hecho uno, hablo de las ultimas dos horas porque es el tiempo que llevo en la estación, sin embargo, no se cuanto tiempo llevan esperando quienes se encuentran antes que yo en lo que parece una cola interminable.
En estas dos horas he visto mas niños practicando la buhonería de los que realmente pensé que era posible, niños de entre nueve y doce años, que no tienen la culpa de la crisis del país, niños que no merecen vivir así, niños que hoy, pagan la pasividad e indiferencia del venezolano ante la tiranía.
La cola es el reflejo de un país doblegado, estudiantes universitarios, estudiantes de bachillerato, trabajadores, ancianos, niños, bebes, mujeres embarazadas, personas con discapacidad... nadie se salva de la eterna cola y espera a la que han sometido al país.
Las personas no paran de decir "ahí viene uno" y tristemente me recuerda a todas las veces que como país hemos pensado "esta vez si, es la ultima, la vencida", pero al igual que todas esas veces, no, aun no nos toca a nosotros.
Después de mas de dos horas de espera, por fin llega nuestro transporte. Alguien ajeno a la cola intenta meterse a la fuerza, las ahora mas de doscientas personas en la cola gritan al unisono "Bájalo, que haga su cola... que se baje", nadie mas se sube a la unidad hasta que el señor tenga la decencia de bajarse, pasan por lo menos cinco minutos antes de que esto suceda, por fin se baja y podemos continuar.
Una vez el metrobus inicia su recorrido, veo a un señor con una bufanda tricolor, caminando las calles de Caracas. Lo primero que pienso es "la lleva con orgullo", sin embargo, lo sigo con la mirada y me doy cuenta de la realidad, camina encorvado, cabizbajo, ojos apagados y paso sin animo. Hoy, eso representa ser venezolano, el país en el cuello, paso lento y sin ganas de ver nada mas que cada paso que damos como individuos. Hoy, el señor de la bufanda tricolor me hizo ver a Venezuela en su representación mas triste.
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