Ir al contenido principal

Las voces de Caracas.

Venezuela, y sobretodo Caracas, sufren una perdida de valores mas que clara, y si bien esto puede medianamente justificarse por lo complicado que resulta el día a día del venezolano, nunca es una excusa valida. Es absurdo que en el Metro de Caracas transite tanta gente a diario y no se escuche una sola voz de protesta o descontento, es un sin sentido, sin embargo, y tristemente si se escuchan algunas voces, voces que insultan, que gritan, voces que atropellan y disgustan a quienes aún, y a pesar de las dificultades diarias, reclamamos un mínimo de civilidad, de respeto.

Cada día, en el trayecto de la universidad a mi casa (trayecto bastante largo.) tomo el metro que se dirige desde la estación Capuccino a La paz, justamente hoy fue bastante difícil acceder a uno de los trenes por la inmensa cantidad de personas que se encontraba en la estación. Al llegar el tren, las personas dentro de este, intentan bajarse para seguir su recorrido personal, pero no, quienes intentan subir no los dejan, empujan, golpean, gritan... parece que el metro nos convierte en animales, hoy un señor fue empujado hacia dentro del vagón luego de haberse bajado porque había llegado a su destino. La violencia fue tal y disgusto tanto, que el señor expreso su molestia ante la multitud de violentos e incivilizados, y es razonable, no hay motivo para empujarse así. Estamos dentro y con dirección a la próxima estación, surge un comentario mediocre, absurdo y despreciable. Una "señora" gritaba con aquella autoridad y desprecio "Si no te gusta que te empujen no te montes en el metro. Esto es Caracas loca, Caracas light". No señora, no me gusta que me empujen, no me gusta que me griten, y mucho menos groserías. No me gusta ver ancianos atropellados por olas de gente sin conciencia. No señora, a los venezolanos decentes no nos gusta la situación de país, y menos nos gusta, que a quien reclame un poco de civilidad, un poquito de decencia, se le tache de loco, o que sea motivo de burla de quienes se creen dueños de Caracas.

Es absurdo y hasta patético que te haga gracia que alguien reclame respeto, es patético y humillante para los venezolanos que algunas personas se expresen diciendo "Caracas loca", "Caracas light". No señora, la capital de la República se llama Santiago de León de Caracas, o en su defecto, Caracas.

Luego de este incidente contado como anécdota, el día mejora. Llego a la paz, y en el Metrobus, comienzo a hablar con mi compañero diario de viaje, sobre la perdida de valores, la falta de alimentos, y sobretodo, de la poca o nula preparación del animal que hoy ocupa el cargo de presidente de la República. Como de costumbre, nadie dice nada, hasta que otra estudiante se une a la conversación, ya no somos dos, ahora tenemos una tercera opinión que levanta la voz para expresar descontento, lo bueno de que haya sido una muchacha de veintidós años, es que te hace ver que la juventud sigue creyendo en el país, aun tiene fe, y eso es bueno. El punto negativo, es que ningún adulto levanta la voz, todos callados, como un rebaño, caras bajas y ojos resignados.

Como estudiante, y al igual que muchos, entendemos la importancia y la necesidad de avanzar como sociedad, sin embargo, y mas allá de que es una tarea que a mi parecer, los chamos asumen con total dignidad, no es nuestra responsabilidad, no fuimos nosotros quienes votamos por el ex presidente Chavez, no somos nosotros quienes se dejaron robar el país. Sin embargo, esta claro que los culpables de el asentamiento de la tiranía, no harán nada. Nos toca a nosotros, desde despertar conciencias, hasta imponer civilidad de una u otra forma. No, no es nuestra responsabilidad, pero la asumimos.



Comentarios

Entradas populares de este blog

Zapato roto.

 Lo conocí por allá en 2009, cuando teníamos apenas diez años y jamás pensé que le tocaría salvarme la vida. Carga detrás de su nombre un apellido de esos fuertes, de los que se reconocen por su importancia en la historia de nuestro país, pero no, no tiene vínculo con los Machado que todos conocemos, solo comparten la casualidad de un apellido. De padre yaracuyano y madre varguense, creció en una familia normal, sin muchos sobresaltos. Hijo de policías retirados. Testarudo como pocos, malgenio y descaro. Su vida transcurría entre idas al colegio, jugar fútbol y una que otra salida los fines de semana. Estudia derecho, le gusta la política, y poco a poco deja la vida rutinaria para involucrarse, aún así, Windell jamás pensó que exactamente 7.346 días después de aquel 23 de noviembre en que vio la luz de la vida por primera vez, estaría atrapado en medio de gas, basura y plomo, con un zapato roto y buscando libertad. Se despertó a las 7:00am, alistó un bolso con máscara, alcohol, le...

Final de trimestre, final de la tiranía.

Un día más, un lunes más a la lista, ultimo día del trimestre y pienso que después de lo caótico que ha sido este periodo, hoy no puede ser tan malo, solo un día más de una seguidilla de días malos, no pude estar más equivocado. A las 4:15 am suena el despertador y asumo que es necesario asistir a la universidad pues tengo la imperiosa responsabilidad de presentar un parcial que representa la mitad de la nota. Pasan los minutos, me alisto y a las 5:00 de la mañana salgo de mi casa, con la escasa luz de las calles voy repasando las que creo serán las preguntas del parcial hasta llegar a la parada del Metrobus, una vez más la cola es infernal. A las 5:20 llega el Metrobus y como si ya ni fuese mucho esfuerzo tener que estudiar sin luz en medio de una cola, alguien, un hombre de escasos cincuenta años intenta adelantarse, una pequeña discusión con aquel hombre que termina en "Respete señor, que yo estaba primero", el día comenzó mal, supongo. El Metrobus nos deja en Catia, una ...

19

 19. Hay poco más que decir en estas horas que nos llenan de luto por las nuevas vidas que ha perdido el país en medio de la hecatombe que vivimos. Aunque parezca increíble, no hemos perdido sensibilidad ni capacidad de asombro. Hoy los venezolanos nos preguntamos cómo es posible tanta tragedia, tanto abandono. Como si el mundo hubiese volteado la vista a otro plano, en nuestras costas mueren ahogados nuestros hermanos, nuestras mujeres. Nuestros niños. ¿Cuántos días de hambre caben en la decisión de apostar tu futuro en una pequeña embarcación? ¿Cuántos lamentos caben en un país que ve morir a sus hermanos? Como si todos llevásemos la misma sangre, el país amaneció de luto, llorando una perdida más. Nadie aguanta las lágrimas, se nos desborda la vida. Nos ahogamos en nuestra propia incertidumbre. Como duele la vida.  ¡Ay, los niños que perdieron el futuro! No existe la infancia, la ahogaron en desespero y el hambre. Cuanta confusión, cuanto dolor. Flotamos bocabajo, esperando...