Hace unos meses, y por la mas que obvia situación que vive el país, mi familia decidió emigrar. me fui de Venezuela el once de noviembre del año pasado, y la ultima vez que visite Caracas, aun era en cierta forma un lugar rebelde, la gente se quejaba de la situación en voz alta, quienes asistían a la universidad aun parecían tener esperanzas de ser quienes dieran la cara por el resto del país, bastante pasivo realmente, pero con cierto aire rebelde, como ya dije.
Decidí volver a Venezuela en agosto de este año, por razones bastante personales. Comencé a estudiar y subir a Caracas todos los días te da bastante material para pensar, discutir, analizar... Así pues decidí, en un intento de entender mejor a Caracas, y de buscarle la vuelta para encontrar nuevamente a mi ciudad, escribir sobre ella.
En mi primer día de universidad, comienzan los problemas para poder asistir, el transporte en Venezuela se ha convertido en algo absurdo y ahora casi la única posibilidad de llegar a Caracas (al menos si vives en Vargas) es el transporte publico del gobierno. El problema surge no solo porque nos aíslan a hacer una cola de una hora o mas para poder tomar un autobús al igual que para casi cualquier otra cosa en el país, pero ese no es el problema principal, pues sabemos que nada funciona hoy en Venezuela, pero ya tendré tiempo para hablar sobre eso. El verdadero problema es que aunque todos quieren irse en ese bus, parece que nadie quiere que otros también se vayan. El problema real es que todos creemos que somos valedores del derecho de irnos, pero podemos decidir quienes no lo son. mientras estas en la cola, siempre hay puesto para uno mas, o al menos así lo ves, pero cuando estas dentro "ya no cabe nadie mas". Es entonces cuando te das cuenta del egoísmo absurdo que hoy profesamos, pues no nos importa que otros lleguen tarde, porque ya nosotros estamos "asegurados" en un puesto dentro del bus.
El problema del transporte no es únicamente lograr tomarlo, pues una vez dentro, existen variantes que pueden o no, hacer de tu viaje una experiencia de risa o amargura. Una vez comienza el trayecto, estas esperando que comiencen las quejas sobre el mal servicio, la mala dirigencia o cualquier cosa, porque para eso somos buenos (o eramos buenos) los venezolanos, siempre existía una razón para quejarnos así como una para agradecer, pero no, nadie se queja, el transporte Vargas-Caracas va en completo silencio, la gente parece resignada. De no ser por un amigo, con quien subo cada día a la universidad y nuestros vanos intentos por despertar cierto resentimiento hacia el sistema por parte de quienes hoy son nuestros compañeros de viaje, nadie mas habla... o hablan, pero de temas poco relevantes, parece que nadie se preocupa por la falta de carne, de transporte, de salud, de comida en general, de cualquier derecho que la constitución nos atribuye, y de los que hoy no gozamos. Intento tranquilizarme pensando que Vargas siempre ha sido estéril, que todo cambiara en Caracas.
Llego a Caracas esperando encontrarme con una ciudad molesta, con el reflejo de esas ganas de tener país, pero no. Caracas esta en silencio, Caracas no se queja, Caracas camina al compás que le dicta hoy la tiranía. Caracas no existe.
Me tranquilizo a mi mismo pensando que es mi primer día en Caracas en mucho tiempo, y quizás solo me toco un mal día, ya vendrán mas días. Días en los que espero encontrar a Caracas, a esa ciudad rebelde que deje cuando decidí emigrar. ¡Caracas, he vuelto. Necesito que vuelvas tú!.
Decidí volver a Venezuela en agosto de este año, por razones bastante personales. Comencé a estudiar y subir a Caracas todos los días te da bastante material para pensar, discutir, analizar... Así pues decidí, en un intento de entender mejor a Caracas, y de buscarle la vuelta para encontrar nuevamente a mi ciudad, escribir sobre ella.
En mi primer día de universidad, comienzan los problemas para poder asistir, el transporte en Venezuela se ha convertido en algo absurdo y ahora casi la única posibilidad de llegar a Caracas (al menos si vives en Vargas) es el transporte publico del gobierno. El problema surge no solo porque nos aíslan a hacer una cola de una hora o mas para poder tomar un autobús al igual que para casi cualquier otra cosa en el país, pero ese no es el problema principal, pues sabemos que nada funciona hoy en Venezuela, pero ya tendré tiempo para hablar sobre eso. El verdadero problema es que aunque todos quieren irse en ese bus, parece que nadie quiere que otros también se vayan. El problema real es que todos creemos que somos valedores del derecho de irnos, pero podemos decidir quienes no lo son. mientras estas en la cola, siempre hay puesto para uno mas, o al menos así lo ves, pero cuando estas dentro "ya no cabe nadie mas". Es entonces cuando te das cuenta del egoísmo absurdo que hoy profesamos, pues no nos importa que otros lleguen tarde, porque ya nosotros estamos "asegurados" en un puesto dentro del bus.
El problema del transporte no es únicamente lograr tomarlo, pues una vez dentro, existen variantes que pueden o no, hacer de tu viaje una experiencia de risa o amargura. Una vez comienza el trayecto, estas esperando que comiencen las quejas sobre el mal servicio, la mala dirigencia o cualquier cosa, porque para eso somos buenos (o eramos buenos) los venezolanos, siempre existía una razón para quejarnos así como una para agradecer, pero no, nadie se queja, el transporte Vargas-Caracas va en completo silencio, la gente parece resignada. De no ser por un amigo, con quien subo cada día a la universidad y nuestros vanos intentos por despertar cierto resentimiento hacia el sistema por parte de quienes hoy son nuestros compañeros de viaje, nadie mas habla... o hablan, pero de temas poco relevantes, parece que nadie se preocupa por la falta de carne, de transporte, de salud, de comida en general, de cualquier derecho que la constitución nos atribuye, y de los que hoy no gozamos. Intento tranquilizarme pensando que Vargas siempre ha sido estéril, que todo cambiara en Caracas.
Llego a Caracas esperando encontrarme con una ciudad molesta, con el reflejo de esas ganas de tener país, pero no. Caracas esta en silencio, Caracas no se queja, Caracas camina al compás que le dicta hoy la tiranía. Caracas no existe.
Me tranquilizo a mi mismo pensando que es mi primer día en Caracas en mucho tiempo, y quizás solo me toco un mal día, ya vendrán mas días. Días en los que espero encontrar a Caracas, a esa ciudad rebelde que deje cuando decidí emigrar. ¡Caracas, he vuelto. Necesito que vuelvas tú!.
Excelente manera de expresar lo que sientes, o lo que sentimos muchos Venezolanos
ResponderEliminarDemasiado brutal este artículo, como siempre.
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