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Café, lluvia y libertad.



Es raro comenzar a escribir con una pregunta, pero hoy debo hacerlo. ¿Es mas importante el café que la misma libertad? Parece una pregunta absurda,y realizada en cualquier otro contexto y país, la respuesta seria bastante obvia, de hecho, incluso hecha en Venezuela en otra etapa histórica, tendríamos la respuesta bastante clara. Hoy, sin embargo, no lo tengo tan claro, y quizás suene absurdo pero cuando caminas las calles de Caracas, y quizás las de los demás estados de país, el tema principal nunca es la libertad, hoy en las conversaciones diarias de los venezolanos, el café esta mas presente que la libertad, que la vida.

A la salida de la universidad, caminando hacia capitolio, me concentro en escuchar para analizar las conversaciones de los caraqueños. "No encuentro café", "el café esta carisimo" "eso que venden por ahí no es café..." todas las conversaciones parecen girar entorno al mismo tema, al tan ansiado café, a esa tacita que la mayoría de los venezolanos necesitamos en las mañanas para despertar las ganas de salir nuevamente de la casa. Llego a la estación de metro, apresuro el paso en la transferencia para llegar al Silencio, pues justamente acaba de llegar un vagón con dirección a Capuccino. La rápida caminata es ineficaz ya que al llegar al lugar, el tren ha partido, toca esperar al próximo... Me siento a desayunar y a releer las preguntas del parcial de Derecho Constitucional que hace menos de una hora presente, parece que he contestado bien y eso me tranquiliza un poco. Sentado en la estación, veo a dos señores bastante mayores, están hablando sobre algo que parece una queja, me intereso. Resulta que ellos también estaban interesados en el tema del día en capitolio, comienzan con algo como "Yo dejé de comprar en la calle justamente por eso..." en un principio, tengo esperanzas de estar equivocado, y pienso que quizás hablaran de algo mas, pero no. "Eso no es café, es frijol molido" "A mi me han dicho que es maíz tostado" y así durante unos los quince minutos que tarda en abordar un nuevo tren. El camino hasta capuccino es relativamente tranquilo, al llegar y tomar el ultimo tren que me llevaría a La paz, me impresiona la insistencia sobre el tema, una señora, le comenta a un total desconocido que el café que este lleva en su bolsa "no es original" que debe tener cuidado con lo que compra, el señor responde diciendo que el solo compra si le muelen el café en el momento, pero que a veces por la necesidad, compra cualquier cosa que parezca café. Masoquismo, confiesa.

En el camino a Vargas, el tema principal no es más que la lluvia que comenzaba en la capital, y que según algunos, en vargas no había parado desde la noche anterior, nada relevante, la verdad. Sin embargo, te hace pensar que, hoy el café y la lluvia están mas presentes que la libertad en las conversaciones diarias, y es preocupante. La lluvia es incesante y ocupa ahora el lugar principal, pero será solo por el día de hoy, lo mas importante siempre será la procedencia del café que hoy es vendido en las calles, patético.

Hoy, entiendo que quizás el café y nuestra libertad no son tan distantes. El régimen se ha convertido en el mayor "bachaquero" del país, y lo ha hecho con lo esencial, la libertad. Hoy nos venden la libertad igual que un revendedor hace con el café en las calles de Caracas, eso que ellos llaman libertad, a mi me suena a maíz tostado, la soberanía no parece mas que frijol molido. Así como el señor de capitolio sabe que eso que venden por ahí no es café, nosotros entendemos que eso con lo que se llenan la boca, no es libertad. Sin embargo, y como el señor de capuccino, a veces por la necesidad de sentir algo de esperanza, aun le llamamos libertad a cualquier cosa. Al parecer nuestra libertad hoy no es mas que un falso café, revendido por el "bachaquero" mas cruel que se recuerde. Aun así, seguimos callados, nadie hace nada. ¡Masoquismo, admito!


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